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ALCALÁ AL NATURAL

Alcalá al Natural

 

La Flora, la Fauna y el Paisaje de Alcalá de Guadaira a través de la fotografía.

Autores: Rafael Ramos y Javier Ramos

 

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Fotografiando aves en la provincia de Sevilla vol.1

Autores:

Rafael Ramos, Diego López y Javier Ramos. 

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Edición Ayuntamiento de Alcalá de Guadaíra, año de publicación 2004; 144 páginas, 124 fotografías, 21x29 cm, tapas blandas, idioma Castellano.

Se estructura como un álbum de fotos que va recorriendo lo más destacado de la avifauna de la provincia de Sevilla, como si de una guía de campo se tratase. Las protagonistas son las imágenes que llenan las páginas, bajo unas luces y composiciones fascinantes.

 

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Visión Salvaje Fotógrafos 2006

Un libro de edición limitada con más de cien fotografías inéditas que muestran la actualidad de la fotografía de naturaleza española, con la participación de mas de 80 fotógrafos. Edición de lujo, 216 páginas, pasta dura, tamaño 26,5 x 25,5. año 2006

 Visión Salvaje Fotógrafos 2006

 

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Publicaciones en revista Visión Salvaje.

Visión Salvaje Nº1

Articulo sobre Abejarucos "Mensajeros del Color" junto con Javier  Ramos y Diego López

Visión Salvaje  1

 

copula de abejaruco

 

Visión Salvaje Nº 4

Especial Marismas del Guadalquivir.

Articulo sobre las Marismas del Guadalquivir junto con Javier Ramos, Jose Manuel Reyes, Herminio M. Muñiz y Diego López. 

Visión Salvaje  4

Articulo Regreso al paraíso

Articulo Fotografiando en las marismas  Javier Ramos y Rafael Ramos

 

Visión Salvaje Nº 12

Articulo sobre la Cigüeña Blanca junto con Javier Ramos y Diego López

Visión Salvaje 12

 

http://www.euromodelismo.com/catalog/images-big/vs-0012-p020_021.jpg

 

Visión Salvaje Nº 14

Articulo "Miradas" Cómo nos ven las aves junto con Javier Ramos

Visión Salvaje 14

Mirada 

"Miradas" Cómo nos ven las aves

 

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FOTOGRAFIANDO

EN LAS MARISMAS DEL GUADALQUIVIR

 

Trabajo previo, observación y métodos de camuflaje.

 

Cuantos detalles pueden apreciarse en esta instantánea; según los ojos que la miren puede provocar distintos comentarios, pero tal vez pocos sean los que se pregunten ¿Cómo y en que condiciones está realizada esta imagen?, o ¿Cuántas horas de trabajo ha supuesto?. Para muchos es posible que la respuesta a estas preguntas se base sólo en reparar en el equipo fotográfico, claro que conviene detallar que entiende un fotógrafo de naturaleza por un buen equipo del que disponer.

 

 

Realizar fotografías en la marisma, supone de entrada acostumbrarnos a trabajar casi siempre junto al agua, algunas veces dentro de ella, con los peligros e inconvenientes que ello conlleva para el equipo.

 

Empecemos por el principio, un lugar para trabajar, lo tenemos; 142.000 hectáreas azotadas por el viento, la lluvia, el sol, el frío, los insectos y un etc. muy extenso, las Marismas del Guadalquivir.

 

Los contrastes de temperaturas y los niveles tan variables de agua, debidos a un clima que se manifiesta inestable conllevando estaciones indefinidas e imprevisibles, provocan un infinito juego de colores y paisajes, de luces, sombras y reflejos y una gran riqueza de vida animal.

 

Pero para saber sacar el mejor partido a todos los recursos de los cuales disponemos en nuestro lugar de trabajo, es necesario realizar una constante investigación, primero sobre el terreno para no tener percances ni accidentes, y una vez conocidas las fisonomías y características de la zona, hay que observar, observar y observar, a diferentes horas, en distintas épocas del año, para saber como responde la luz, el paisaje y los habitantes del lugar a cada circunstancia y , todo ello con el máximo respeto y discreción pues el medio es muy vulnerable y cualquier mínimo exceso puede provocar un desequilibrio cuyas consecuencias son imprevisiblemente negativas.

 

Todo esto, el lugar, el conocimiento, la observación y el respeto al medio, es la primera pieza de nuestro equipo.

 

La segunda pieza la encontramos en el mismo lugar de trabajo puesto que forma parte de él, cualquier pequeño rincón en sí o con su inquilino de turno, se convierte en protagonista inocente y ajeno de la historia que pretendemos contar en una sola imagen con lo que ello supone al fotógrafo de naturaleza personal y profesionalmente.

 

La Naturaleza nos ofrece una infinita variedad de modelos desinteresados dispuestos a posar ante nuestros objetivo con la naturalidad de su mundo salvaje y con todas las posibilidades que nos brindan sus incontables formas, tamaños y comportamientos, pero una vez más, para poder explotar al máximo estos valiosísimos recursos es indispensable emplear horas y horas de observación; con sumo cuidado y respeto, con  la sutil delicadeza que nos permita presumir de no haber sido percibidos en ningún momento para no arriesgarnos a perder la espontánea, natural e irrepetible pose de nuestros protagonistas, en este caso las aves.

 

Es imposible no implicarse personalmente, conseguir un buen reportaje de una determinada especie, requiere elaborar un detallado proyecto que hay que seguir minuciosamente paso a paso, sin omitir ningún punto; un proyecto que implica estudio, tiempo y material especializado, y además de todo esto, para que una imagen hable por si misma debe contar con el toque personal de su autor, que no es otra cosa que su propia “visión salvaje”.

 

Después de lo expuesto ha quedado claro que el conocimiento del lugar de trabajo y de la biología de las especies que pretendemos fotografiar son factores determinantes para un resultado de calidad, otra cosa también esta clara, hay que acercarse; es el momento de poner en practica todo lo aprendido en la investigación y de echar mano del material especializado, tercera pieza del equipo.

 

Un mapa de la zona, un cuaderno de notas, unos prismáticos y ropa discreta, es el material que hemos necesitado hasta ahora. Una vez fijado el objetivo de nuestro reportaje, es el momento de seleccionar el material que necesitamos para la ocasión y que junto con nuestra adecuada actuación nos permita llevar a buen término nuestro elaborado proyecto.

Solo podremos acercarnos con éxito si conseguimos formar parte del entorno, los hides y redes miméticas son imprescindibles para tal efecto. La Marisma es una enorme llanura donde los árboles y la alta vegetación brillan por su ausencia, imaginar un hide tipo caseta o iglú en medio del paisaje puede parecer cómico si pretendemos pasar inadvertidos, pero actuando correctamente el éxito esta garantizado, la colocación del mismo debe hacerse antes del amanecer, si se aprovecha la vegetación seca para disimularlo aún más tampoco esta de más, pero lo importante es estar en el lugar adecuado antes que las aves comiencen su actividad.

 

 

Como se puede observar en esta fotografía, un hide en algunas zonas de la marisma puede llegar a llamar bastante la atención, en este caso la realización de posibles fotografías se limitará a determinadas especies de aves más confiadas.

 

 

Una simple red, tela de camuflaje y ayudados por la vegetación que nos rodea pueden ser una buena opción para camuflarnos.

 

El hidrohide es un excelente modo de camuflarse y sobre todo de moverse por zonas inundadas, aunque se necesita un entrenamiento previo para desplazarse adecuadamente para no alterar a las aves y al menos cuarenta centímetros de profundidad del agua para su utilización.

 

 

 

En este caso aprovechamos una isleta rodeada de vegetación para camuflar de la mejor manera el hide.

 

 

Tarde o temprano y si hemos hecho bien el trabajo, lograremos nuestro objetivo de fotografiar esa especie que tanto queríamos conseguir.

  

 

Con un hide tumbado “tumbi-hide” , lograremos un ángulo muy bajo y obtendremos fotografías diferentes, su principal problema es la incomodidad que supone pasar tantas horas en esta posición.

 

 

En ocasiones podremos colocar el hide dentro de aguas más profundas, con lo que conseguiremos pasar más desapercibidos y obtener ángulos de toma más atractivos.

 

 

Con el “hidro-hide”  podremos acercarnos más de lo que pensamos sin levantar sospecha sobre nuestra presencia

 

Un hide a ras de suelo es otra alternativa de camuflaje, es posible que pueda parecer menos agresivo o que provoque menos impacto visual en medio de la llanura, pero recuerda, lo importante es estar en el lugar adecuado antes de los primeros rayos del sol ; la verdadera diferencia de estas dos formas de camuflaje: el “tumbi-hide” y el hide tradicional “tipo caseta” la encontramos en el resultado de la foto con respecto al punto de vista, el encuadre, composición y perspectiva.

 

Un hide tipo caseta también permite adentrarse en la laguna, para lo cual el material especializado exige en este caso unas botas de agua o mejor aun, un vadeador, pues no sabemos las horas que pueden pasar antes de las primeras fotos.

 

La imaginación y estrategia son cualidades importantes de un buen fotógrafo, la observación y horas en la marisma hará que ambas se desarrollen sutilmente. Buscando más posibilidades de movimiento y acercamiento,  surge el “hidro-hide”, consiste en una plataforma flotante donde se sustenta una pequeña estructura que forma la cavidad en la que se ocultan fotógrafo y cámara, cubiertos ambos con telas y redes de camuflaje.

 

La utilización de uno u otro método para camuflarse va a depender del tipo de fotos que estén proyectadas para un determinado día de trabajo, dicho proyecto se basa sobre todo en el momento o comportamiento  que se pretenda captar de esta especie; copula, caza, dormidero, cortejo, ceba, etc; cada especie tiene un carácter y un comportamiento diferente y por consiguiente dicta el comportamiento y procedimiento del fotógrafo. A veces una simple red resulta suficiente para conseguir un acercamiento razonable y obtener una buena imagen, el factor suerte está presente, hay especies más confiadas o atrevidas y en cualquier caso la discreción será lo que permita aprovechar cualquier ocasión.

 

Es obvio que nada de lo mencionado se puede llevar a cabo sin la herramienta principal del fotógrafo, cámaras, objetivo y complementos, a los cuales la experiencia y la practica nos permitirán aprovechar al máximo sus prestaciones, pero tengamos en cuenta que no por el hecho de tener mejor equipo, objetivos más largos y luminosos se conseguirán mejores imágenes, esto ayuda claro esta, pero es el conjunto de todo lo que hemos comentado: observación, conocimiento, trabajo, paciencia, respeto al medio y elección de las mejores herramientas disponibles lo que motivara obtener esa instantánea que soñamos y de la que nos vamos a sentir orgullosos.

Por otra parte no podemos olvidar también un dato importante, la obtención si es necesario de los permisos que exige la legislación vigente.

 

Después de todo lo expuesto, queda claro que todas las piezas del equipo son vitales para lograr lo que perseguimos: “Un reportaje fotográfico de Naturaleza”.

 

Rafael Ramos / Javier Ramos

 

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Las Marismas del Guadalquivir desde el hide.-

Fotografiando en el paraíso ornitológico del sur de Europa.

Por: 

Javier Ramos

Rafael Ramos

Diego López Álvarez.

 

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La primera vez que nos asomamos a la marisma nos sorprende la enorme planitud, sólo interrumpida por algunos árboles y las escasas construcciones. Una llanura verde o amarilla, un inmenso mar interior que se confunde con el cielo. Es grande, parece infinito. 142.000 hectáreas azotadas por el viento, el sol, la lluvia. Un calor que cuartea la tierra, un frío que cala los huesos, el barro, el polvo. Una tierra de contrastes extremos, curiosamente cercana a la civilización y que, sin embargo, sigue resistiéndose a los sucesivos intentos de colonización y dominio por parte del hombre.

 

 


 

 El río Guadalquivir se localiza en la vertiente andaluza; nace en la Cañada de Aguafría (Jaén) y, después de describir una cerrada curva rodeando la Sierra de Cazorla, se dirige hacia el suroeste bordeando Sierra Morena. A su paso por la provincia de Córdoba se desliza por una suave pendiente formando llanuras aluviales aptas para el regadío. A su paso por Sevilla, el valle se convierte en dominio de pantanos y marismas que albergan una de las reservas de aves más importantes de Europa. Las marismas del Guadalquivir se sitúan en el antiguo estuario del río, estando formadas por suelos de origen aluvial que ocupan terreno de tres provincias: Sevilla, Huelva y Cádiz.

 


 

Nuestro trabajo se centra principalmente en la provincia de Sevilla, por cercanía y porque la zona de marisma ubicada en Huelva pertenece en su mayoría al Parque Nacional de Doñana, donde la fotografía, fuera de las visitas guiadas, es prácticamente imposible.

 


 

Hablando con interés fotográfico, el Guadalquivir divide en dos “islas” la Marisma Sevillana, cada una con un afluente principal. En la margen izquierda, Isla Menor, que integra el Paraje Natural Brazo del Este, de difícil acceso y sin señalizar, y la desembocadura del río Guadaíra, con la Corta de los Olivillos. En la margen derecha, Isla Mayor (así también se llama el principal municipio de la zona), donde se ubica la mayoría del Parque Natural de Doñana, surcada por el río Guadiamar y su Brazo de la Torre. Ambas islas ocupan grandes extensiones de cultivo de arroz, zonas de marisma más o menos virgen y pastizales, todas ellas surcadas por cientos de canales y caminos.


El clima Por su situación geográfica podríamos suponer que el tiempo es casi siempre bueno y que gozaremos de sol y temperaturas excelentes. Esto no deja de ser una verdad a medias o una mera suposición. Como lugar extremo, éste impone sus leyes, sobre todo si entendemos la fotografía de la naturaleza como lo que es: muchas horas de esfuerzo y dedicación para obtener buenos resultados, lo que nos obliga a pasar mucho tiempo en la marisma.


 En invierno hace un frío húmedo que, tras unas horas en el hide, probablemente rodeado de fango y agua, puede llegar a ser insoportable. En verano, entre las diez de la mañana y las siete de la tarde, el calor es agobiante, llegando a convertir el hide en un horno. La primavera y el otoño suelen ser agradables, siendo estas épocas del año las más idóneas para la práctica de la fotografía de la naturaleza.

 

Moverse en la marisma 11_350.jpg Ampliar foto


 

 

La presencia de aves y la belleza del paisaje dependen fundamentalmente del nivel de agua según la época del año; esto conlleva que hay que realizar una constante investigación para encontrar las mejores zonas. En definitiva hay que recorrer multitud de kilómetros por una entramada red de caminos y pistas.

 


La primera vez que nos adentremos en la marisma es recomendable ir por los itinerarios debidamente señalizados, como son, en la margen derecha del río, la Dehesa de Abajo (en Puebla del Río) o el Centro de Interpretación José Antonio Valverde (Cerrado Garrido) situado en el límite entre el parque natural y el nacional (con nuestro coche particular podemos acceder a él desde Puebla del Río, Isla Mayor o Villamanrique de la Condesa, todos municipios sevillanos). En la margen izquierda podemos visitar la desembocadura del río Guadaíra o la Corta de los Olivillos, partiendo del municipio de Dos Hermanas. En estos lugares y su entorno tendremos mayores posibilidades fotográficas que en la Rocina o el Acebuche, situados ya en el parque nacional, que están excesivamente concurridos.

 


Si queremos adentrarnos por las diferentes islas es conveniente contar, como opción más recomendable, con un vehículo todo terreno y mapas de la zona, siendo los militares los más aconsejables, ya que lo más fácil que nos puede ocurrir es perdernos por la intrincada red de caminos. Otro aspecto a tener en cuenta, si se da esta situación, es la baja o nula cobertura de los teléfonos móviles.

 


El estado de los caminos, en su mayoría, depende de la estación. En épocas de lluvia, muy frecuentes en los últimos años, nuestras posibilidades de movimiento se limitarán a los distintos muros de defensa. Aventurarse mas allá, especialmente si vamos en un solo coche, es arriesgado, ya que podemos acabar en una tabla de arroz inundada, en un camino atascados o, algo peor, en el interior de un canal.

 


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 Es aconsejable esperar un par de días después de uno de lluvias antes de entrar en la marisma y no salirse de los caminos de grava o albero. Igualmente podemos incluir junto a nuestro equipo fotográfico una pala y una eslinga, que pueden llegar a ser muy útiles en caso de vernos en una situación no deseada. En verano los caminos mejoran, sobre todo porque a finales de primavera los arreglan para facilitar el cultivo del arroz. Hay que tener cuidado cuando circulemos entre las distintas tablas de arroz, ya que la humedad ha podido ablandar el suelo.

 


 

Las aves y los fotógrafos de la naturaleza tenemos la mala suerte de coincidir con los cazadores furtivos. A veces nos confundirán con la guardería y huirán; otras acabaremos discutiendo con ellos, aunque lo mejor es evitarlos y llamar, si es posible, a las autoridades competentes.

 


 

Fotografiar aves en la marisma Antes de iniciar una sesión fotográfica, lo prioritario es conocer las normativas de la zona con respecto a la fotografía. Para fotografiar fauna salvaje en Andalucía es necesario contar con la autorización pertinente de la Consejería de Medio Ambiente de la Junta, siempre que el lugar esté catalogado como parque natural, paraje natural, reserva natural y reserva natural concertada. Precisamente estas distinciones pretenden proteger la zona de influencias externas que puedan alterar el desarrollo natural de las especies y del medio.

 


 

La realización de fotografías de especies de flora y fauna silvestre en espacios naturales protegidos de Andalucía está supeditada a una autorización especial de la Dirección General de Gestión del Medio Natural de la Consejería de Medio Ambiente, salvo en el caso de que dichas fotografías se restrinjan a un solo espacio natural, para lo cual es sólo necesario la autorización de la Delegación Provincial de Medio Ambiente en la que se encuentre el determinado espacio natural protegido.

 


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Para poder obtener los permisos es necesario demostrar nuestras intenciones, especificando las especies que pretendemos fotografiar y las zonas de actuación, y que, en cierto modo, contamos con unos conocimientos mínimos sobre el comportamiento que debemos adoptar para pasar desapercibidos en el entorno. Igualmente si vamos a circular por caminos o fincas privadas será necesaria la autorización de los propietarios, tanto si vamos a fotografiar dentro de estos terrenos, como si los vamos a utilizar como acceso a otros espacios, para lo cual, y según nuestra experiencia, lo mejor es darnos a conocer y transmitir nuestras intenciones mediante entrevista personal.

 


 

Conseguir información sobre el lugar, mapas, libros, revistas, páginas web e incluso contactar con alguien que conozca el entorno nos servirá de gran ayuda para familiarizarnos con el terreno

 

La avifauna 16_350.jpg Ampliar foto


 

 

Es de gran importancia estar documentado ampliamente sobre la biología de las especies a la hora de enfrentarnos al reto de fotografiarlas: hábitat, costumbres, época de celo, comportamiento. El comportamiento de las aves se debe estudiar u observar paralelamente a su hábitat, pues éste se debe en gran parte a las características del medio, y el medio se condiciona, a su vez, en parte, por la fauna que lo habita. Esta simbiosis natural se impone también en las zonas de la marisma que no han conseguido escapar a la influencia del hombre.


El terreno arcilloso y húmedo, y la cercanía del mar, aporta a la zona una gran biodiversidad que proporciona un suelo rico en nutrientes. El hombre ha utilizado diferentes medios para aprovechar dichas riquezas: diques, drenajes, canalizaciones. Sirva de ejemplo el cultivo de arroz, pues en Sevilla, en las últimas décadas, la producción de este cereal ha superado a la del resto de España.


Los arrozales de la marisma y la biodiversidad de sus suelos anteriormente mencionada, proporcionan el sustento de las especies aviarias. Teniendo en cuenta las características descritas del suelo podemos deducir que la mayoría de las especies con las que nos vamos a encontrar en la zona son limícolas (se alimentan de los organismos que viven en el lodo) tales como flamencos, cigüeñuelas, correlimos, andarríos, agujas, archibebes, espátulas, moritos comunes, etc.


La familia de la ardeidas está ampliamente representada en la avifauna de la ribera del Guadalquivir, siendo las más comunes las garzas reales e imperiales, martinetes, y una gran cantidad de garcetas comunes y garcillas bueyeras. La base de la alimentación de estas especies son los pequeños crustáceos, peces y anfibios muy abundantes en las lagunas. El cangrejo de río que más se avista en los arrozales no es el autóctono, sino una especie introducida conocida como cangrejo rojo americano, que se está convirtiendo en una amenaza para el ecosistema, pudiendo ésta ser aún más preocupante si dicho crustáceo no formara parte importante de la dieta de las ardeidas.


Una vez segado el arroz (a finales de verano) el terreno resulta muy atractivo para las anátidas, que en los meses anteriores se ubican en las lagunas periféricas, anidando en sus alrededores las especies que no emigran. La condición de omnívoras de estas aves les facilita mucho la labor a la hora de buscar el sustento; en los arrozales segados encuentran una dieta de lo más variada. Las anátidas, en su mayoría, son aves migratorias, pero podemos encontrar pequeñas poblaciones residentes de ánade friso, pato colorado, porrón europeo y, principalmente, el ánade azulón.


La mejor época Como ya se ha mencionado, nos encontramos en Andalucía una hermosa tierra de extremados contrastes. Las estaciones se presentan indefinidas, imprevisibles. Los cortos inviernos, no carentes sin embargo de lluvias torrenciales, provocan espectaculares crecidas en la llanura aluvial. El largo verano con temperaturas que superan fácilmente los 45º con un alto índice de humedad, junto con la abundancia de insectos, dificultan por no decir imposibilitan el trabajo en la marisma. Es por lo que se deduce que la mejor época de observación y fotografía son las estaciones intermedias, que coinciden también con grandes concentraciones de aves, aunque en Andalucía la primavera y el otoño no siempre alcanzan su plenitud en sus meses correspondientes.


Técnica fotográfica Para fotografiar aves está claro que tenemos que acercarnos lo máximo a ellas. La mejor técnica es, por ello, la utilización de hides o redes miméticas.

 


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Es conveniente que el hide sea lo más discreto posible, ligero y fácil de transportar, pues en ocasiones nos veremos obligados a caminar con todo el equipo a cuestas. Su montaje debe ser sencillo y rápido. De nada nos servirá tener un buen equipo fotográfico, con grandes objetivos, si no somos capaces de integrarnos en el medio sin que detecten nuestra presencia. Según nuestras pretensiones fotográficas y las posibilidades que ofrece el lugar, nuestro proceder no es siempre el mismo. Normalmente, con anterioridad procuramos elegir las zonas de trabajo y acondicionarlas en lo posible, poniendo posaderos y alisando el terreno, siempre con sumo cuidado y respeto.

 


 

Solemos trabajar de forma individual, instalando cada hide con un radio de acción amplio. El montaje lo realizamos un par de horas antes del amanecer, para formar parte del paisaje una vez aparezcan los primeros rayos de sol y, con ellos, las primeras aves en busca del desayuno. No resulta fácil puesto que nos movemos en lugares poco influenciados por el hombre y donde se conceden pocos permisos. Además, y en contraste con esta situación, los furtivos, demasiado numerosos siempre, imposibilitan el montaje del hide días antes o de forma permanente, porque, claro está que lo perderemos o, en el peor de los casos, harán un uso muy distinto de él.


A pesar de todos estos inconvenientes nuestra voluntad es grande y parece que la naturaleza conspira para proporcionarnos buenos resultados después de 5, 6, 7 u 8 horas de paciente espera. Queda claro que la aceptación del hide por las especies no es fácil. El mejor recurso del que podemos disponer es siempre la experiencia, la intuición, la constancia y, por qué no decirlo, un poco de suerte.

 


 

Una buena guía, unos prismáticos y un cuaderno de campo, en el que poder anotar experiencias e impresiones, son elementos tan indispensables para un fotógrafo de aves como la propia cámara.

 


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Los primeros seguimientos deben hacerse a distancia, e ir tomando notas sobre las zonas de alimentación, épocas de cortejo, dormideros, posaderos habituales y zonas de paso. La osadía, habilidad y paciencia de cada fotógrafo son también cualidades importantes, apreciables después en los resultados cuando se contemplan instantáneas en las que se recogen momentos que describen belleza, valor, ingenio, disciplina, serenidad, majestuosidad... En definitiva, todo lo que se puede percibir tras una cámara que espía el día a día de estos maravillosos seres, captando momentos que no hacen sino enriquecer el respeto y la admiración de quienes las observan.

 


 

 Cierto es que la suerte y la casualidad protagonizan impresionantes instantáneas, pero también hay que saberlas recoger. De todas formas, un buen fotógrafo no basa su trabajo en casualidades e imprevistos, sino más bien en todo lo contrario. Con el tiempo llega a anticiparse a los movimientos de los animales y eso sólo lo da la experiencia, fruto de la paciencia tras horas y horas de observación.

 

Nuestra experiencia personal 5_350.jpg Ampliar foto


 

 

Las sensaciones que trasmiten lugares carentes de ruidos a los que nuestros oídos están habituados, olores que nuestro olfato en principio no sabe identificar, paisajes sin límites que nuestros ojos no aciertan a enfocar, frescas brisas o penetrantes rayos de sol, son elementos todos extraños a nuestros sentidos, que nos hacen destacar como seres inadaptados que no formamos parte del lugar. Solo dejándonos invadir por esas sensaciones, nuestros sentidos responderán y empezarán a identificar todo en nuestro entorno haciéndonos sentir cada vez más integrados, formando parte de él. Es entonces cuando sin duda entenderemos el comportamiento de las aves y su relación con el medio, y esto nos conducirá a nuestros objetivos.


Las marismas nos aportan maravillosas fotos de aves en vuelo, impresionantes primeros planos y reflejos perfectamente simétricos que nos permiten apreciar detalles interesantes de gran belleza, como pequeñas gotas de agua en las plumas, en el pico, que caen al vacío, que se estrellan en las aguas dibujando círculos concéntricos; baños, plumajes perfectamente cuidados con un colorido precioso, indescriptible, rituales de cortejo, cánticos que hasta pueden oírse en una buena imagen, etc. Todos estos recursos los ofrece la serenidad de las aguas en contraste con las luces que se dan en una gran planicie, aportando infinidad de colores a las mismas, tonos argénteos, verdes, azules, magenta, siendo este juego de luz uno de los principales atractivos fotográficos de la marisma.


Todos estos recursos debemos aprovecharlos para que nuestras fotos demuestren a través de sus detalles y composición que verdaderamente hemos conseguido sensibilizarnos e integrarnos en el medio y que con nuestro trabajo aportamos a la sociedad una clara muestra que da testimonio de tan maravillosa riqueza.

 


Consejos prácticos 19_250.jpg

 

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 La indumentaria es de cierta importancia. Ha de ser cómoda y que no llame demasiado la atención. No es necesario ir con ropa camuflada pero sí evitar los colores llamativos, así como los motivos brillantes. Las prendas con tonos marrones, grises y verdes son las que nos ayudarán a pasar más desapercibidos. Es indispensable que el calzado sea cómodo y resistente al agua. No está de más incluir un repelente de insectos.El equipo fotográfico forma parte también de nuestra indumentaria, así como los elementos de camuflaje que utilicemos, y debe ajustarse en sus características y prestaciones a las fotos que pretendemos realizar, según las luces elegidas y la distancia a la que nos encontremos. Nunca sabemos lo que deparará el día y debemos estar preparados para cualquier cosa. Por eso es aconsejable ir provisto de película o tarjeta de memoria suficiente. Aunque resulte repetitivo, nuestra experiencia nos exige volver a insistir en la necesidad de conocer y respetar la red de caminos por la que nos movemos. A veces, cuando vamos al volante, nos dejamos llevar por las emociones que proporcionan el entorno sin reparar en la seguridad del firme o en algo tan obvio como es el depósito de combustible.

 

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